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Análisis Completo Del Discurso Del Método Por Descartes

Primera parte.

  1.  

       El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada cual piensa estar tan bien provisto de él, que incluso los más difíciles de contentar en todo lo demás, bueno no acostumbran a desear más del que tienen.

     Pues no vas a contener una mente buena, sino que lo principal es aplicarla bien. [1]

     El buen sentido es la mejor cosa repartida entre los individuos por Dios, dice Descartes. Seamos justos en reconocer, que él, acepta y sabe que: el hecho de que todos los hombres poseen, por naturaleza el buen sentido (esto es, la razón) no basta con solo poseerla, si no de darle un buen uso; se debe ejercitar y hacer de ella, un uso constante. Como podemos ver, esta idea tiene tintes muy renacentistas, en torno a la idea de una especie de “educación universal”. El método del discurso, está precisamente escrito en francés, para que el vulgo (puesto que la razón está repartida en todos) pueda acceder a leerlo. No olvidemos que hay detrás de René, una fuerte costumbre de escribir en latín; idioma que desde esa época, ya era (lingüísticamente hablando) una lengua semimuerta. ¡Pues solo era hablada y entendida por sacerdotes y estudiosos! Era el latín la lengua elitista del saber. No obstante, yo desconfío de todo aquel que se basa en la razón, debido a que para mí, eso huele a nihilismo; la razón y lo que posteriormente se le conocerá como: “instrumentalización de la razón” son ante mis ojos cosas decadentes, pues en la razón habrá siempre cosas desconocidas; saberes que le son propiamente al corazón, a los sentidos: el amor. ¿Qué es la vida sin la sensación que los sentimientos nos otorgan? Y qué son tan incomprendidas para toda razón.

  1.  

     Y no sé de otras cualidades, aparte de estas, que sirvan para la perfección del ingenio. Pues por lo que hace la razón en tanto que es la única que nos hace hombres y nos distingue de las bestias.

     Sin embargo, puede hacer que me equivoque, y que lo que tomo por oro y diamantes no sea, tal vez, sino un poco de cobre y de vidrio.[2]

     Descartes nos abre la ventana de su pensamiento, y nos permite admirar su antropología. Y esto, será una de las cosas más refutables de todas las cosas en las que René afirmaba creer. Y, la tarea de desenmascararlo, será designada a la biología, ya que y en efecto, los atributos que Descartes utiliza, para justificar a la esencia del hombre “como cosa que piensa” está también presente en los animales. Dejémoslo claro: ser un ser racional, no es, en definitiva, algo que nos separe de las bestias; pues somos bestias que razonan, como cualquier otra bestia de otra especie distinta. Si hay algo, acaso, que de modo acierto, nos distinga de los animales, ha de ser la cualidad de, dentro de la sociedad, crear cultura. Somos seres culturales y no hay otro ser, en este mundo, que crea cultura, religión, arte, filosofía.

  1.  

     Sé cuán sujetos estamos engañarnos en lo que nos toca, cuán sospechosos deben sernos los juicios de nuestros amigos cuando nos son favorables.

     Así, mi designio no es el de enseñar aquí el método que cada cual debe de seguir, para conducir bien su razón, sino solamente el demostrar de qué suerte he tratado yo de conducir la mía. [3]

     Las nulas pretensiones de momificar al conocimiento, de Descartes, se hacen manifiestas, en éstas citas. Pues, es consciente de que fijar el pensamiento en un método que, además de tener razonamientos básicos, sería presuntuosamente algo incorrecto. Tampoco quiere prestarle atención a los escépticos, que critiquen su método; su actitud, es más como la de un científico, que no busca dogmatizar, ni problematizar, sino construir y hacerse camino, para la posibilidad de un conocimiento que llámese: “científico”. Y vemos que ese proceder, será adoptado del mismo modo en Husserl, expuesta en su fenomenología.

Segunda parte.

  1.  

     Entre los cuales, uno de los primeros fue el de considerar que, a menudo, no hay tanta perfección en las obras compuestas de varias piezas y hechas por manos de diversos maestros, como aquellas otras en las que ha trabajado uno solo.

     Así, me imaginaba yo que los pueblos que, habiendo sido antaño semisalvajes y no habiéndose civilizado sino poco a poco, no han hecho sus leyes más que a medida que el malestar.[4]

     Se intenta demostrar aquí, cómo es mejor (dejar a un lado) no tomar los pensamientos hechos por otros hombres, como bases sólidas para construir la verdad. En especial, lo que está en el trasfondo, es una crítica y un despojamiento, de la tradición escolástica, que consistía en: realizar un comentario a algo dicho, por ejemplo, de Aristóteles. Y con el tiempo, alguien volvía a hacerle un comentario a ese comentario, y otro sobre esos dos, y así hasta que se formaban un sinfín de comentarios, uno sobre el otro. Justifica aquí, Descartes, su supuesto despojamiento de los juicios y las opiniones dichas por hombre sensatos. Esta práctica (la de hacer comentarios de los comentarios) no genera un pensamiento propio, sino un sesgo y una dogmatización presuntuosa, fundada en la mera especulación.

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     No podrían estar también ordenados políticamente como aquellos que, desde el momento en el que se reunieron en asamblea por primera vez, han observado las constituciones de algún legislador prudente.

     Pensaba que las ciencias de los libros, no posee ninguna demostración, al haberse compuesto y engrosado poco a poco con las opiniones de muchas personas diversas, no se acerca tanto a la verdad como los simples razonamientos que pueda ser naturalmente un hombre de buen sentido en tocante a las cosas que se presentan.[5]

     ¡El trívium! Tradición que consistía en estudiar a la gramática y que, desde Aristóteles, se preserva como, si de carta magna fuese tratada. Además, está fundamentando y dando razones, para con su manera de escribir, y qué es, a través del proceso sobre cómo él, en primera persona, tuvo, desarrollo y concluyó con cada uno de sus razonamientos. En lugar de seguir el método, hastioso, de la escolástica. También renegará sobre la dialéctica, puesto que, de las conversaciones y discusiones que se hacen en las escuelas, no se da ninguna verdad, sino que ve esto más bien como una actividad erística, más que una actividad que ofrezca una verdad. Y, por último, a la retórica, esto pues, desde los griegos se sabía ya, que no buscan la verdad, sino que buscan sólo el convencimiento de los demás. En su lugar, y por eso es la razón de este libro, es que la verdad, puede ser dada mediante su método que a aquí expone.

Tercera parte.

  •  

     Con el fin de no permanecer y resuelto en mis acciones mientras la razón me obligase a estarlo en mis juicios, y no dejar de vivir desde ese momento lo más felizmente que pudiese, me formé una moral por provisión.

     La primera era obedecer las leyes y las otras costumbres de mi país, conservando constantemente la religión y gobernándome, siguiendo las opiniones más moderadas.[6]

     Está, a punto de aplicar la duda metódica y sin embargo, antes nos advierte que, la convivencia social, lo orilla a mantener una moral en lo que construye una nueva. No obstante, a Descartes, poco o nada le interesaba, la moral o la ética. A él, lo que le importa, es la fundamentación de la ciencia. Así, se apega a un plano provisional, en lo que le aplica un examen a las creencias; para el conocimiento de un mayor plano teórico. Por lo que “acepta” por verdaderas, las leyes de su gobierno, la religión de su país y las costumbres y tradiciones de su gente, en lo que consigue algo mejor. La auto-moderación, también será algo, que tendrá que llevar a cabo, siguiendo de ejemplo y poniendo atención, no tanto a las palabras, sino a las acciones de las personas más sensatas, que se encuentran en su contexto. Esto a fin de una buena convivencia en su comunidad.

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     Mi segunda máxima era hacerlo más firme y lo más resuelto que pudiera en mis acciones, y no seguir menos constantemente las opiniones más dudosas.

    Y así, al no admitir las opiniones más verdaderas, debemos seguir las más probables.[7]

     Empieza a actuar con resolución. Vemos aquí, a un Descartes completamente pragmático, pero justificador ante esta decisión de preponderar la utilidad del actuar, por la verdad de un comportamiento social. Y aunque no llega, a desarrollar por completo una moral o ética, no será sino Spinoza, quién llevará a cabo una moral, como Descartes había planteado y como veremos más adelante.

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     Mi tercera máxima era tratar siempre de vencerme más (a mí) que a la fortuna y de cambiar (antes) mis deseos que el orden del mundo.

     Es cierto que si  consideramos todos los bienes que están fuera de nosotros como igualmente alejados de nuestro poder no tendremos más pesares por carecer de aquellos que parecen debidos a nuestro nacimiento.[8]

       La última cosa qué pondrá en cuestión,  es a la dominación de los deseos; aquí, ya está separando a la “res cogitans” de la “res extensa”. Pienso que aquí Descartes, está practicando su filosofía, es decir, haciéndola, es decir, empleando ese dualismo. Pero, aunque no cabría preguntar (puesto que es provisional) ¿Las actividades del cogito son controlables o no? Sin embargo, como ya he mencionado, esta pregunta quedaría más para jugar con la idea, que para considerarla seriamente. La mecanicidad de su moral, estaría compuesta por axiomas, lo que significa, las ideas claras y distintas. De los axiomas, se desprendería, la demostración por lo que sería lo mismo, el razonamiento. Por último, los teoremas, vendrían a hacer las reglas y máximas.

Cuarta parte.

  1.  

     Pensé que era menester que rechazase, como absolutamente falso, todo aquello en lo que pudiera imaginar la menor duda, para ver si, quedaría algo en mí creencias que fuese eternamente indudable.

     Así, nuestros sentidos nos engañan a veces. Rechacé como falsas todas las razones que había tomado anteriormente por demostraciones. Todos los pensamientos, los mismos que tenemos estando despiertos, pueden también venirnos cuando dormimos.[9]

     ¡Aceptar sólo aquello que no forme la menor duda! Ese será el proceder que empleará Descartes. Sin embargo, él sabe muy bien que hacer esto, lo estaría llevando al borde del escepticismo. En principio, pone en duda tres factores, mismos que profundizará, en las meditaciones posteriormente. Y lo primero que duda, es obvio: los sentidos, pues no son de fiar, ya que si bien, el sol aparenta ser un pequeño círculo, cuando en realidad es una esfera gigantesca. Así, cae en el entendimiento, al que también rechazará; ya que puede incurrir en errores, como los geómetras, que actúan a veces, bajo paralogismos. Por último, lo que pondrá en cuestión de duda, es la diferenciación posible entre, el sueño y la vigilia. Pronto, como veremos a continuación, él creerá haber encontrado algo, con garantía de certeza. Y veremos, cómo utiliza de buena manera, el uso de la duda metódica, al analizar todo lo que acaba de decirse. Misma fórmula, que utiliza al principio del discurso, para lanzar la crítica a la cultura. Aquí, se usa, pero para un examen introspectivo. Preconiza, ya, el tema de las ideas claras y distintas; esto para fundamentar lo introspectivo.

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     Después, advertí que, pensar Así que todo era falso, era preciso, que yo, fuese alguna cosa. Yo pienso, luego yo soy, era tan firme. Juzgué que podía aceptarla, como el primer principio de la filosofía que buscaba.

     Conocí por ello que yo era una sustancia cuya esencia toda, no es sino pensar. De suerte que esté yo, alma, por la que yo soy lo que soy, es enteramente distinta del cuerpo, y aún más fácil de conocer que él.[10]

     Señores, he aquí: lo más rescatable y honorable, que pudo haber hecho Descartes. Se nos presenta, y ante nuestros ojos, la famosa frase célebre: “cogito ergo sum”. Frase con la que este autor, perdurará, en la historia de la filosofía. Además, de que aquí, se desprende, toda una discusión del dualismo en Descartes: pues es tan fresco, que una escuela entera le agradecerá en el futuro. Discusión, que en la filosofía de la mente se lleva discutiendo hogaño. La distinción, no sólo, denota la existencia del espíritu, es decir: el cogito, es decir, la mente. Defendido y atacado por muchos, no podemos desmeritar a René, por tan honorable esfuerzo intelectual. Si Descartes, puede encontrarle fundamento correcto a la existencia del alma, por ende, seguiría demostrar la existencia de Dios. Por eso desarrollará, la idea de la impronta divina y la reformulación del argumento ontológico, en torno a la perfección.

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     Por lo que hace a los pensamientos que tenía yo, podía creer que, si eran verdaderas, eran dependientes de mi naturaleza o en tanto que esta poseía alguna perfección; y si no lo eran, que yo las obtenía de la nada.

     De manera que quedaba que hubiese sido puesto en mí por una naturaleza que fuese verdaderamente más perfecta que yo, y que incluso tuviese en sí todas las perfecciones de las que podía tener yo alguna idea, pues fuese Dios.[11]

     Para concluir, Descartes nos ofrece aquí, dos argumentos que, según él, son la demostración del alma y de Dios. La primera es, la idea de la impronta divina, qué parte diciendo que: es gracias a las ideas claras y distintas, por las que poseemos a las ideas innatas. Esto es, las ideas a priori. Como la idea de Dios, que según, viene ya desde el nacimiento en nosotros. O las matemáticas; que son posibles, sin la necesidad de demostraciones empíricas postradas en evidencias. Y, por supuesto, el alma (mente) que no requieren de ninguna condición material. Y para asegurarse de esto, toma el argumento de San Anselmo, y le modifica la sentencia. En lugar de apelar, a la esencia, Descartes, lo hace mediante la presuntuosa perfección de Dios.  Parafraseándolo, sería algo así como: la idea de perfección, es más plausible para la confirmación de Dios, puesto que es más perfecta la existencia, que la no existencia. Luego, Dios es perfecto, por lo tanto, es más perfecto que exista. Concluyendo que existe. Aunque este argumento suene fuerte, no será duradero, pues filósofos posteriores demolerán dicho argumento ontológico. A pesar de que, muchas ideas cartesianas han sido ya desmentidas, como la de la nula existencia de los sentimientos en los animales, todavía puede ser debatible su dualismo, y usado su plano cartesiano.

Quinta Parte.

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     Me he mantenido firme en la resolución de no suponer ningún otro principio del que acabo de servirme para demostrar la existencia de Dios y del alma, y de no aceptar como verdadera ninguna cosa que no me pareciese más clara y más cierta de lo que me lo habían parecido anteriormente las demostraciones de los geómetras.

     He observado ciertas leyes que Dios ha establecido de tal manera en la naturaleza, que, no podríamos dudar de que se cumplan exactamente en todo lo que es o se hace en el mundo.[12]

     Descartes, está realmente convencido de haber (en Dios) encontrado una certeza genuina; acepta, solo aquello que no forma la menor duda. Para demostrar, la existencia de Dios,  utilizará la teoría de la impronta divina. La cual se dice, sobre la causa, como contenido de realidad. Es decir, lo que causa un efecto, es más real, que el producto denominado efecto. Dios, según Descartes, ha de existir, porque todos tenemos la capacidad de buen razonamiento, esto es la prueba que Dios nos deja, como su sello distintivo en nosotros. Si para Descartes, existen las ideas innatas, entonces, Dios, debe ser una idea innata. He de aclarar conceptos. Descartes utiliza el término “espíritu” para referirse a la mente; rasgo que, en René, se ve divinizado, puesto que, los animales carecen de eso, aparentemente. Lo que quiere decir es que: el espíritu (mente) ha de ser la evidencia viva, de Dios en nosotros. Las ideas innatas, deben sernos concebidas de manera clara y distinta, luego, Dios (o la idea de) es clara y distinta; esto nos lleva, a la famosa circularidad de Descartes. Y aún cabría recordar la  falla en la reformulación de su argumento ontológico.

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     En primer lugar, describía yo esta materia, e intentaba representarla de manera tal que, nada hay en el mundo más claro ni más inteligible. A partir de aquí me vi llevado a hablar particularmente de la tierra; aun cuando hubiese supuesto expresamente que Dios no había puesto ninguna pesantez, en la materia de que estaba compuesta.

    Y, entre otras cosas, después de los astros, no conocía yo nada en el mundo, sin el fuego, que produjese luz, me apliqué hacer entender muy claramente todo lo que pertenece a su naturaleza.[13]

     René, no está simplemente jugando al físico, sino que, nos está demostrando, cómo es que se aplica un buen razonamiento. Lo que hace, es vaciar al mundo de toda complejidad, que sea sensible. Lo mismo sería decir: trueno, fuego, chispa. En este punto, recoge lo que se vuelve mínimo, esto es: extensión más movimiento. El fuego, es solo utilizado, como un modelo simple, para que pueda reconstruir el mundo, racionalmente. Y con esto, se cuelga la medalla, por demostrar que el mundo, bien puede ser comprendido, sin la necesidad de un empirismo, puesto que, si el conocimiento se nos puede dar, sin recurrir a los sentidos, por lo tanto, todo conocimiento verdadero, debe fundarse en las ideas claras y distintas. Descartes presupone a la razón, sobre la experiencia.

  •  

     Dios lo ha hecho tal como debía ser, y la acción por la que ahora lo conserva es del todo la misma que aquella por lo cual lo ha creado, de manera que aun cuando no le hubiera dado, otra forma que la del caos, habiendo establecido las leyes de la naturaleza, le preste su curso para que actúe tal como acostumbra, solo por esto todas las cosas que son puramente material habrían podido tornarse tales cuales vemos en el presente

     De la descripción de los cuerpos inanimados y de las plantas, pasaba a la de los animales, y, particularmente a la de los hombres. Pues al examinar las funciones que podían, darse en este cuerpo, encontré en él, todas las que pueden darse en nosotros sin que pensemos en ellas y sin que, nuestra alma contribuye a ello.[14]

     Aquí, nuestro autor se ha metido en una guerra contra Aristóteles. Ya que, está dinamitando al “nous” aristotélico, cuya idea se servía, para darle una explicación al orden natural de las cosas. Como, por ejemplo, para Aristóteles, todas las cosas, poseen inherentemente un “telos” (inteligencia como una esencia, que está impregnada en las cosas, para llevar a cabo, una finalidad). Pero, aunque falsa, la idea de Descartes es mucho mejor, pues niega ese isomorfismo ilusorio que, supuestamente, el primer motor ofrece. Para René, es mejor pensar en Dios, con su impronta divina. Y Aquí, abre otro frente de batalla, con la idea de poner, un tiempo caótico como principio del universo. Es por ello que aquí, introduce la metáfora del ingeniero de las ciudades.

Sexta parte.

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     Aunque mis especulaciones me complacían mucho, he creído que los demás también tenían las suyas, las cuales tal vez les complacían más aún.

     Pues me han mostrado que es posible acceder a conocimientos muy útiles para la vida, y que en lugar de esa filosofía especulativa que se enseña en las escuelas, se puede encontrar una filosofía práctica.[15]

     Esto es el propósito genuino, qué tiene Descartes y por la cual, se le considerará, como el primer filósofo moderno. ¡Pues pretende hacer, a la filosofía, una actividad práctica! Debido a que una filosofía especulativa: escolástica, ya empieza a generar dudas, para con las cuestiones en torno al conocimiento de la naturaleza y del hombre; y con la existencia de una filosofía práctica, vendría la ciencia, para dominar a la naturaleza. Lo que se plantea aquí, es algo muy ingenioso, al preguntarse: ¿Y para qué sirve investigar? ¿Cuál es la finalidad del conocimiento? ¿Existe algo beneficioso del que nos podamos aprovechar? Las respuestas, responderían a todas, con la idea de la conservación de la especie.

  •  

       La razón de ello está en que esas que son más raras, cuando aún no se conocen las causas de las más comunes, y en qué las circunstancias en las que dependen son casi siempre tan particulares y tan pequeñas que es muy dificultoso observarlas.

      Mas también he de reconocer que la potencia de naturaleza es tan amplia y tan vasta, y que estos principios son tan simples y generales, que casi no observo ya ningún efecto particular sin que no sepa de antemano qué puede ser deducido de ellos.[16]

     Encuentra Descartes, en las irregularidades, leyes universales. Y a partir de éstas leyes generales, surgen las aplicaciones para poder mejorar la condición del ser humano. Es, a través de una fuerte crítica a la dialéctica, como preponderará a su método. No hay verdad en lo primero, sino solamente en lo segundo; puesto que la dialéctica lo ve, cuál si fuera erística. Es con su método (un precursor de la ciencia moderna) con lo que se enfrentará a la gramática, la dialéctica y a la retórica, esto, solo genera discusiones racionales, pero sin llegar a un propósito. Y, bien nos advierte, que su método probablemente no será el único, y que deberá, en todo caso, de hacerse entre varios y contribuyendo a dicha metodología.

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     Esto es lo que me prometía dar a conocer mediante el tratado que había escrito, y mostrar tan claramente la utilidad que el público puede obtener, te obligaría a todos los que desean en general el bien de los hombres.

    Y nunca he observado tampoco que, por medio de las disputas que se practican en las escuelas, se haya descubierto verdad alguna que antes se ignorase.[17]      Descartes reniega, de toda la escolástica y la tradición griega. En específico, con el peripatetismo, llámese aristotélico; y en este sentido, rechaza y sustituye, a la ontología, por la epistemología. Será a partir de aquí, que toda la filosofía posterior será enfocada en la epistemología, que llegaría, con Kant, a su momento cúspide; y de ahí la epistemología decaerá: habiendo filósofos, que querrán volver a la ontología, como es el caso de Husserl, Russell o el primer Wiggestein. Y también aparecerán objeciones potentes contra Descartes, por parte de filósofos como Popper o Gadamer. Para mención de una de las objeciones rápidamente, mencionaré, la que trata sobre que, en realidad, es imposible quitarse los prejuicios. Leer es igual a interpretar; y en este sentido, eso es imposible (suspender el juicio) en principio, sería imposible a su vez, empezar a poner en práctica el método cartesiano.


[1] René Descartes, Discurso del método para bien conducir la razón y buscar la verdad en las ciencias, §1, trad. Pedro Lomba (Madrid: Editorial Trotta, 2018), p, 27.

[2]  Descartes, Discurso del método, §1, p. 30.

[3] Ibíd., p. 31.

[4]Descartes, Discurso del método, §2, p. 45.

[5]Ibíd., p. 48.

[6]Descartes, Discurso del método, §3, p. 65.

[7]Ibíd., p. 68.

[8] Ibíd., p. 70.

[9] Descartes, Discurso del método, §4, p. 81.

[10]Ibíd., p. 84.

[11]Ibíd., p. 86.

[12]Descartes, Discurso del método, §5, p. 97.

[13] Ibíd., p. 98.

[14]Ibíd., p. 100.

[15]Descartes, Discurso del método, §6, p. 133.

[16]Ibíd., p. 137.

[17]Ibíd., p. 140.

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