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Los orígenes del neoplatonismo: Plotino y el ascenso hacia el Uno

  • El último filósofo de la Antigüedad

Debido a sus grandes contribuciones a la filosofía, Plotino es ampliamente reconocido como el último gran filósofo de la Edad Antigua. Según Eunapio, Plotino nació en Licón, en el Alto Egipto, o en Licópolis, en el Bajo Egipto, en el 204 d. C. A diferencia de sus predecesores y de las grandes escuelas filosóficas como el estoicismo y el epicureísmo, e incluso a diferencia del mismísimo Platón y de Aristóteles, Plotino desarrolló una filosofía en la cual vivir conforme a este mundo no solo no es necesario, sino que constituye un obstáculo para vivir la vida verdaderamente auténtica.

A los veintiocho años sintió la necesidad de estudiar filosofía y buscó maestros en la ciudad de Alejandría, en Egipto. Al cabo de poco tiempo, se dio cuenta de que no encontraba lo que buscaba. Un amigo suyo, sin embargo, lo llevó al filósofo Amonio Sacca. Plotino pasó once años aprendiendo las doctrinas de Amonio, hasta que volvió a sentir la necesidad de aprender un poco más sobre las filosofías orientales de maestros de Persia y de la India.

Se embarcó entonces en un viaje hacia Persia junto al emperador Gordiano. Sin embargo, la empresa no funcionó, el emperador fue asesinado y Plotino apenas pudo escapar a Antioquia. Ya con cuarenta años de edad, se dirigió a Roma, donde fundó su propia escuela. Plotino era vegetariano y despreciaba el cuerpo por considerarlo una sombra de una forma presente en la realidad trascendente, más allá de las apariencias sensibles.

Uno de sus discípulos, Porfirio, cuenta que Plotino no quería ser retratado, pues no quería dejar una “copia de la copia”. Pidiéndole Amelio permiso para que se le hiciera un retrato, le respondió: “¿Es que no basta con sobrellevar la imagen con la que la naturaleza nos tiene envueltos, sino que pretendes que encima yo mismo acceda a legar una más duradera imagen de una imagen, como si fuera una obra digna de contemplación?” Amelio, entonces, contrató al mejor pintor de la ciudad, Carterio, quien asistió a las clases de Plotino, memorizó los rasgos de su rostro y creó una pintura sin que aquel lo supiera. En la actualidad no existe dicha pintura, pero tenemos noticias de presuntos bustos que lo representan. ¿Pero qué enseñaba Plotino?

  • La tríada de la realidad: El Uno, el Intelecto y el Alma en las Eneadas

Su teoría filosófica, a menudo difícil de entender, está contenida en cincuenta y cuatro libros que Porfirio editó y organizó en seis grupos de nueve libros: las Eneadas. Por esta razón, empleaba metáforas como luz, fuego y la unidad. Según Plotino, la realidad se divide en tres partes esenciales: el Uno, el intelecto y el alma.

El Uno o Dios es un ser simple e indivisible que es una unidad perfecta (Plotino, Ennéadas V.3.10). En segundo lugar, está el intelecto, que es una emanación o reflexión sobre sí mismo del Uno. El intelecto es el Uno mismo, no algo separado. El intelecto consiste en las formas platónicas. Éstas son perfectas y no existen como unidades separadas, sino que están unidas en una totalidad.

En tercer lugar, está el alma. El alma es una emanación del intelecto y su función es instanciar materialmente las formas que piensa el intelecto. El alma se divide en el alma del mundo, que da forma a la materia, y el alma humana, que da el ser racional a los humanos. El alma humana se divide, asimismo, en un alma humana superior y un alma humana inferior.

El alma del mundo es la que da forma a la materia, pues la materia no es algo por sí misma, sino que lo que posee de ser se debe a la forma que recibe del alma. La materia por sí misma es la falta de forma y, por consiguiente, el estado más alejado del Uno, que es la forma de formas. El alma “ve una como carencia de figura y una como carencia de color, algo como carente de luz, pero carente, además, de magnitud. De no ver así, ya estaría dándole forma” (Plotino, II.4.12).

Incluso el espacio y el tiempo son materia y existen en la medida en que el alma les da forma. El alma de toda la materia inorgánica, como los planetas, los ríos, montañas, minerales, los elementos que conforman la tabla periódica e incluso el espacio, reciben su forma, su ser, del alma del mundo. Los seres vivos, la materia orgánica, reciben su forma también del alma. La única diferencia entre las entidades orgánicas y las inorgánicas consiste en la manera en que el alma actúa sobre la materia.

Según Plotino, los seres humanos poseemos un alma humana superior y un alma inferior. El alma inferior es responsable de que podamos sentir emociones y deseos. El alma superior es parte del alma y del intelecto. Es parte del Uno. Por esta razón, es algo divino en nosotros.

  • Purificación y contemplación: La belleza del Uno y la vida buena

La vida buena y feliz solo se puede dar cuando ascendemos racionalmente del mundo material al mundo de las formas del Uno, es decir, cuando conocemos y comprendemos al Uno. Plotino propone diversas técnicas de “purificación” para comprender al Uno en su totalidad. Esta comprensión se logra a través de ejercicios filosóficos en los que el entendimiento se da cuenta de que la realidad material es una sombra de las formas y que estas constituyen un todo unificado que es el Uno. Este estado de contemplación es la felicidad misma y es eterna. Una vez que lo hemos logrado, no hay nada que pueda interferir con esta visión. Incluso si sentimos deseos y pasiones humanas, esta visión es suficiente para garantizar una felicidad interior al contemplar la eternidad y saberse, asimismo, eterno.

Para entender mejor lo que quiere decir Plotino, analicemos la siguiente analogía. Consideremos qué es la belleza. El Uno es similar a la belleza perfecta. En el mundo encontramos muchas formas bellas. Podemos ir a un museo o salir al bosque y ver todo tipo de entidades bellas. La Mona Lisa y la Venus de Milo son obras de extraordinaria belleza que nos producen cierta satisfacción al contemplarlas. De la misma manera, salir al campo y contemplar los valles y las montañas nos dan cierto gozo. En cambio, cuando un museo sufre un incendio o un bosque es arrasado por el fuego, vemos pérdida de forma, dispersión y multiplicidad de escombros inconexos. Esta es la materia. Así como se pierde gozo en la belleza cuando el fuego arrasa un bosque o cuando un museo es reducido a ruinas por un terremoto, se pierde bondad, ser y gozo en la medida en que alguna cosa pierde forma. Solo la forma es bella. Solo la forma es. Y, por lo tanto, solo ella puede darnos satisfacción al contemplarla.

No existe gozo alguno en contemplar lo amorfo. Si experimentamos satisfacción en obras de arte que representan museos desolados y selvas destruidas, es porque aún dichas representaciones tienen una forma. La carencia total de forma es algo prácticamente inexpresable en el lenguaje y, definitivamente, no es algo agradable de contemplar.

En el otro extremo se encuentra el Uno, que es la forma suprema y, por consiguiente, la belleza suprema. Esto significa que solo en la contemplación del Uno podemos encontrar la 4. satisfacción estética completa. La contemplación de la belleza del Uno requiere que nos purifiquemos mentalmente. Solamente mediante ejercicios de reflexión filosófica podemos apreciar poco a poco la naturaleza divina de la unidad. Estos ejercicios requieren usar la razón para apreciar las formas y a la forma suprema, que unifica en sí a todas las demás: el Uno. De la misma manera, para comprender lo que es lo bueno y lo justo en sí mismo, debemos ascender a la comprensión del Uno. Así como esta comprensión nos da la satisfacción estética suprema, nos dará la satisfacción de justicia y de bien que existe dentro de nosotros.

Podría parecer que el énfasis excesivo en el mundo de las formas implica abandonar este mundo. Sin embargo, como observa Cooper (2012), Plotino acepta que existen bienes en este mundo y que “la persona feliz busca y acepta estos ‘bienes’ como necesarios, dado nuestra corporeidad actual, para proveernos de serenidad y concentración para involucrarse en las actividades del pensamiento puro en las cuales consiste nuestra felicidad” (p. 373).

  • El legado neoplatónico: De Plotino a la filosofía moderna

La influencia de Plotino ha sido enorme. El neoplatonismo fue la última gran escuela de filosofía y rivalizó con las enseñanzas del estoicismo en los primeros siglos del Imperio Romano. Nociones neoplatónicas fueron adaptadas perfectamente al cristianismo mediante grandes pensadores como Agustín de Hipona. Este obispo adoptó y adecuó a la doctrina cristiana algunas ideas de Plotino, como entender al mal como privación del bien y la idea de que comprender a Dios requiere purificación. Tanto Agustín de Hipona como otros teólogos concordaron con Plotino en que es posible contemplar la divinidad en un acto de intuición que desafía la razón.

Los místicos del judaísmo y del islam también coincidían con Plotino en este aspecto. Maimónides concebía a Dios como una entidad que solo puede ser conocida por lo que no es. Plotino creía que no se podía describir al Uno con palabras, pues eso sería describirlo como multiplicidad y no tomar en cuenta su unidad absoluta. Avicena y Al-Farabi concordaban con el neoplatonismo en que Dios es el origen del mundo y que, al crearlo, no pierde nada de su unidad y perfección. La filosofía de

Plotino también fue muy popular en el Renacimiento. Marsilio Ficino tradujo las Eneadas al latín y Pico de la Mirándola expresa ideas cercanas al neoplatonismo en sus escritos. En la actualidad, la filosofía neoplatónica goza de un gran respeto, sobre todo en círculos donde el misticismo es primordial. Es influyente, sobre todo, en círculos de teología, misticismo, filosofía de la religión y en la filosofía misma. Hegel, Spinoza y otros grandes filósofos retoman ideas cuya raíz podemos encontrar en Plotino.

REFERENCIAS

Cooper, J. M. (2012). Pursuits of wisdom: Six ways of life in ancient philosophy from Socrates to Plotinus. Princeton University Press.

Plotino. (1992). Enéadas. Editorial Gredos. (Obra original publicada ca. 270)

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· Nombre: Rogelio Miranda Vilchis · Correos: rogeliomv0101@gmail.com; rogelio.mv@filosoficas.unam.mx · Facebook: Rogelio Mirandav · Soy Doctor en Filosofía de la Ciencia por la UNAM. Actualmente realizo una estancia posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Filosóficas (UNAM). Mi trabajo filosófico abarca principalmente a la metafilosofía (filosofía de la filosofía), filosofía de la ciencia y del lenguaje, epistemología y filosofía antigua.

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